Introducción.

Con la llegada de los españoles y la introducción de la religión católica a Mesoamérica, la celebración de la Navidad fue una de las festividades que se adaptó de manera más rápida. Los indígenas de diferentes regiones fueron significando la Navidad de manera propia de acuerdo con sus creencias anteriores.

A lo largo de la historia de la Nueva España aparecen distintas celebraciones navideñas que reflejan el mestizaje y conjuntan costumbres españolas, indígenas o africanas. Entre las tradiciones más conocidas están, la Rama en Veracruz, las famosas pastorelas de Tepotzotlán o la noche de rábanos en Oaxaca, en este sentido, en Michoacán hay una celebración muy especial con estas mismas características mestizas, me refiero a la fiesta de Takari, de la que hablaremos en este breve artículo.

Es importante explicar el significado del nombre que se le da a la fiesta, el Takari es la forma purépecha de nombrar a una planta que en español se conoce como tabardillo o cabello de ángel, se dice que tiene propiedades antinflamatorias.

La fiesta de Takari

Todas las navidades en el municipio de Tarímbaro ubicado en Michoacán se realiza la acostumbrada fiesta de Takari, un festejo navideño al estilo purépecha.  La fiesta se realiza del 24 al 27 de diciembre a lo largo de la cual, los pobladores van danzando por todo el pueblo y recolectando heno para hacer el lecho donde ha de reposar Jesús. Después de que los danzantes han hecho el recorrido todo el pueblo se reúne en la iglesia para festejar el nacimiento del Niño Dios.

Las danzas de Takari

En general, los indígenas mesoamericanos en sus calendarios tenían festividades cerca del solsticio de invierno, este fue un factor que ayudó a los frailes en la evangelización. Entre sus tradiciones, los purépechas tenían una serie de danzas, actualmente en la fiesta de Takari se realizan una serie de bailes por las calles de la población con el objetivo de ir recogiendo heno para poder hacer el lecho en donde reposará el Niño Dios como mencioné anteriormente.

En específico hay una danza que es característica de la región y que le da el nombre a la festividad, la danza del Takari. Como ya dije, los purépechas tenían danzas antes de la llegada de los españoles, por lo que la danza del Takari tiene antecedentes prehispánicos, aunque como tal la podemos situar en la Nueva España.

Hay algunas versiones sobre el origen de esta fiesta, cuenta la tradición que, ya establecido el catolicismo todos los 25 de diciembre una familia numerosa que vivía a las afueras del pueblo, (eran muy pobres y los padres vestían a sus hijos con paja) bajaban a bailar para el cura con el objetivo de que les diera una naranja para cada uno.

Otra versión similar nos cuenta que la familia vivía en el cerro, que eran muy pobres y tenían muchos hijos a los que vestían de paja. Cuando se quedaban sin nada que comer bajaban al pueblo y llevaban a todos sus hijos para que bailaran delante del sacerdote y este les diera una naranja.

Dentro de la danza existen varios personajes, por ejemplo, está el de “La Maringuia” que representa a la mamá y siempre era interpretada por un hombre que se travestía de mujer. El papá o el esposo acompañaba a su mujer, la única diferencia es que este debía traer una máscara distinta. Los “jujuros” representan a los hijos que se vestían de paja y sus máscaras eran de paja madera o barro. El objetivo de la danza es ir desde la entrada del pueblo hasta la iglesia y llegan con el cura para bailarle y este les da sus naranjas.

#LaFandanguerita

María del Carmen Aquino

Fuentes de consulta:

Palomar, María. “Navidad con sabor a México”, México, Algarabía, 17 de diciembre de 2014, consultado el 20 de diciembre de 2017. http://algarabia.com/curiosidades/navidad-con-sabor-a-mexico/

“Navidad a la mexicana: 5 estados para celebrar diferente”, México, México desconocido, consultado el 20 de diciembre de 2017. https://www.mexicodesconocido.com.mx/navidad-a-la-mexicana.html

Carretera semivacía, día soleado con algunas nubes, una camioneta se dirige hacia Zacatlán (sí, el mismo de las manzanas) .

De pronto, el conductor se confunde, se le acaba la pila al GPS y toma un camino extraño que le hace perder la autopista y tomar un camino de terracería que pasa por enmedio del pueblo de Apan, Hidalgo; famoso por su pulque que, por cierto, es maravilloso.

Calor, incertidumbre, el día no dejaba de ser espectacular.

La camioneta se detiene y pregunta a un taxi que le ayuda a recobrar el rumbo.

Autopista, certeza, alegría y ojos bien abiertos para no perder el rumbo.

Caseta cerrada por daños, desviación hacia la carretera libre… incertidumbre de nuevo.

¿Qué dice ese autobús? ¡Zacatlán! oportuno seguirlo.

Zona boscosa, curvas, bajadas, subidas, adiós cielo azul, lluvia ligera, un anuncio en el camino: «Bienvenidos a Zacatlán de las manzanas», felicidad.

Continúa la camioneta unos kilómetros más: «Valle de Piedras Encimadas», curiosidad pero no se detiene y continúa otros kilómetros más. El cielo comienza a anunciar tormenta.

Pueblo de Zacatlán ¡Por fin! Se estaciona en un lugar «Posada Don Ramón», deciden quedarse ahí y salen un rato después sin el auto, caminando rumbo al centro del lugar.

¡Aguacero a punto de diluvio! cansancio, hambre, ningún lugar abierto, anuncio: «los molcajetes» ¿probamos? De acuerdo.

Un lugar pequeño, colorido y cálido; 4 salsas diferentes en la mesa, todas deliciosas y enmedio un molcajete con carne de res, pollo y cerdo  y verduras asadas.

Comida, plática y de vuelta a la calle. La lluvia ya paró y todo es humedad, la tarde empieza a desvanecerse.

Plaza  principal de Zacatlán, maravilla ante el precioso reloj floral, puestos de artesanías y comida.

Manzanas hojaldradas «sin lechera, por favor», cuernitos de higo y panqués de blueberry natural (además de manzanas, hay moras y duraznos que son igualmente deliciosos).

Cae la noche y con ella un manto de neblina que cobija el pueblo y le da un aire mágico. café en «el turista», hotel y descansar para el día siguiente.

Mediodía, despertar ¿desayuno? Un pequeño buffet atendido por dos jóvenes muy chambeadores. Huevos, fruta, chilaquiles… ¿qué hacemos hoy? Vamos a Piedras Encimadas.

Hotel, camioneta y carretera de nuevo, incertidumbre y adelante un letrero: «Valle de Piedras Encimadas —–>».

Terracería ¿sí era por aquí? Dicen los pobladores que ya casi, preciso avanzar unos metros más… «Bienvenido al Valle de Piedras Encimadas, puede dejar su coche por allá y la cooperación es voluntaria tanto para el parque como para el estacionamiento».

¿Carreta, caminata o caballo? Caballo y un guía muy agradable.

Bello desde el suelo hasta el cielo, la naturaleza se tomó su tiempo para lograr esas formaciones tan majestuosas y no fue en vano (nota: no desayunen, ahí hay comida y con su consumo ayudan a la cooperativa de pobladores que mantiene el parque).

Una última foto antes de irse ¡calamidad! La memoria se terminó.

Carretera de vuelta y otro anuncio: «tlacoyos y pulque» para el carro y se sientan en una construcción de madera donde hay dos viejitas muy graciosas. Un jarrito de pulque y dos tlacoyos, chiles en conserva y unos frescos ¿60 pesos por todo? ¿Acaso es un sueño?

Carretera, terracería, autopista.

Feria de la manzana ¿por qué no? Artesanías, comida, lodo, rueda de la fortuna, diversión.

De vuelta al hotel, salen de nuevo pero esta vez sin camioneta. Aún hay luz, vagar por las angostas calles del pueblo, riendo y observando todo; café de nuevo, hotel y dormir.

Diez de la mañana, baño y desayuno en el restaurante «La casa de la abuela», visitar el mercado multicolor, el templo franciscano y el templo de san Pedro.

Manzanas, artesanías y unas manzanitas Zacatlán para el calor (los refrescos más deliciosos del mundo, hechos con fruta natural y 100% mexicanos).

Hamburguesas con pan casero, de vuelta al centro y un contingente aparece para tomar lugar en la plaza; trajes de colores y sonrisas sinceras provenientes de muchos lugares del país, desde Yucatán hasta San Luis.

Noche, niebla, manzanas hojaldradas para llevar, café y de vuelta en el hotel porque lloverá fuerte, prepararse para partir el día siguiente, descansar.

Despertar, de vuelta en casa de la abuela, sale la camioneta del hotel y, tras cargar gasolina, carretera de nuevo.

Desviación equivocada.

Incertidumbre ¡perdidos de nuevo! Paisaje fabuloso.

«Prende el waze, a ver dónde andamos» no funciona, preguntar.

Un par de instrucciones después, carretera ¡¿Apan de nuevo?! Será un viaje largo.

Terracería, lodo y de pronto autopista.

¿Caluplalpan? ¡Quién lo diría! varios discos después, Texcoco; ya casi llegamos.

Tráfico, claxons, semáforos, histeria… oficialmente estamos en la ciudad. Desviación hacia la casa.

Estacionarse, bajar todo del carro, quitarse los zapatos y descansar ¡Vaya aventura!

(disculpen las pocas fotos, tomé más pero las he perdido entre las redes de la información)

#LaBruja #RosaMexicana

Rumbo a la aventura!
Rumbo a la aventura!
Perdidos pero con una vista hermosa
Perdidos pero con una vista hermosa
¡Siii, llegamos!
¡Siii, llegamos!
La salvación a nuestra hambre de viajeros
La salvación a nuestra hambre de viajeros
El fantástico reloj floral, único en su tipo
El fantástico reloj floral, único en su tipo
Allá, a lo lejos, una de las muchas piedras encimadas
Allá, a lo lejos, una de las muchas piedras encimadas
Imponente
Imponente

piedras 3

Un riachuelo que corría en el valle
Un riachuelo que corría en el valle
Mágica neblina bajando de la montaña
Mágica neblina bajando de la montaña
El portal del tiempo...
El portal del tiempo…