Hoy NO FESTEJAMOS,

Hoy NOS REIVINDICAMOS.

Hoy parece un día común y corriente. La gente va, viene, corre, se empuja, grita, ofende y hasta maldice; en fin… parece un día más.

Hoy quiero invitarte para que no sea un día común, quiero pedirte que salgas a la calle y que observes detenidamente lo que pasa a tu alrededor, hoy especialmente, detente a observar a todas las mujeres que encuentres a tu paso.

Seguramente, las encontrarás de todas las edades, de todas las complexiones; unas contrariadas y hasta afligidas, otras más, risueñas y despreocupadas; así podrás reconocerlas, una por una, mezcladas todas ellas con la multitud, la mayoría difuminadas.

Ahora, intenta desentrañar su sentir o su pensar; intenta auscultarlas como si fueras el más experto de los doctores, pero ten cuidado… no te vayas a sorprender con las increíbles y hasta dolorosas historias que puedas conocer. Mujeres fuertes, exitosas, inquebrantables; pero también conocerás que, en la vida diaria de muchas otras, al día de hoy, aún existen palabras como: golpes, abuso, discriminación, rechazo, explotación y violencia.

Es por eso que el día de hoy, reconocido como “EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER”, es indispensable que empecemos a transformar los vestigios que dejaron nuestros antepasados; es momento de buscar un mundo igualitario, sin importar el sexo de sus habitantes. Es necesario frenar esa violencia irracional en contra de una persona por el sólo hecho de SER MUJER.

Esto no es trabajo de unos cuantos, es un deber moral de los que nos reconocemos como seres humanos.

Hoy no es un día más, hoy no debe ser un día “normal”, hoy no es un día para regalar flores, chocolates o hasta felicitaciones; hoy debemos regalarnos el reconocimiento a nuestra dignidad humana, sin importar el sexo que nos asignó la naturaleza. Las mujeres no debemos luchar por la igualdad, sino por la equidad.

Hoy la mujer debe alzar la voz para ser escuchada, para no ser mutilada, para no ser agredida.

Hoy debemos estar orgullosas y decir ¡Gracias Dios por ser mujer!

Actualmente cada año celebramos el fin de un ciclo para comenzar otro, los llamamos años, cada uno consta de 365 días, 366 si el año es bisiesto y están divididos en 12 meses. Nos regimos por estas fechas establecidas, pero ¿cuál es su origen?, ¿siempre fue así?, ¿de dónde proviene esta tradición?, ¿Por qué está establecido así?

Bueno, pues el objetivo de este artículo es hablar sobre todas estas preguntas y los antecedentes históricos de nuestra celebración de Año Nuevo, que en nuestro país se ha enraizado de formas muy particulares en las diferentes regiones.

Antecedentes del Año Nuevo.

A lo largo de la historia el 1º de enero no siempre fue la fecha con la que se iniciaba el Año Nuevo, en Roma el inicio de otro año se festejaba el 1 de marzo ya que para los romanos era cuando comenzaban los cambios notorios en la naturaleza, la plantas reverdecían, comenzaba a hacer más calor, como si la tierra despertara nuevamente.

Entre las culturas de oriente que celebraban el Año Nuevo entre los meses de marzo y abril, como en la India o en Irak. En el caso de China, festejan el año nuevo entre el 21 de enero y el 18 de febrero, según nuestro calendario actual que es el gregoriano.

Estableciendo el 1º de enero como año nuevo

Julio César decidió reformar el calendario romano, para ello se auxilió de Sosígenes de Alejandría, un matemático del siglo I a. C., estos cambios se dieron en el año 46 a. C y comenzaron por extender el año a 445 días, este nuevo calendario se utilizó por primera vez en el 45 a. C, iniciando el 1º de enero.

Estos cambios no les gustaron a muchos y es que con esta renovación, el año nuevo caía muy cerca de las fiestas saturnales, que tal como su nombre lo dice era una celebración en honor a Saturno y se realizaba del 17 a 23 de diciembre, por ser el periodo de tiempo en el que suceden las noches más largas del año; el 25 de diciembre creían que el sol entraba nuevamente y ese día festejaban al Sol Invictus.

Tertuliano, considerado padre de la Iglesia y que vivió entre del 160 al 220 de nuestra era, estuvo en contra del establecimiento del año nuevo el 1 de enero y lo censuró, esta prohibición se hizo oficial durante el concilio de Auxerre (578 ó 585), aún así, la mayor parte de Europa occidental siguió festejando el 1 de enero como el primer día del año.

El Papa Gregorio XIII, en 1582 estableció de nuevo de manera oficial el calendario al que hoy le damos el nombre de gregoriano en su honor, en el cual el primer día del año era el 1º de enero y constaba de 365 días, 366 en los años bisiestos.

Los primeros países en adoptar el nuevo calendario fueron los más cercanos al Vaticano, es decir, Italia, España y Portugal, mientras que en países como Inglaterra lo adoptaron hasta 1752.

El Año Nuevo en México.

Cuando surgió el calendario gregoriano el territorio que hoy comprende México, era la Nueva España por lo que se impuso el nuevo calendario al igual que en España. A lo largo de nuestra historia, la celebración de Año Nuevo se ha convertido en uno de los festejos más importantes.

En todo el país se tienen diferentes tradiciones para celebrarlo, por ejemplo, en provincia suelen hacer jaripeos y ferias. Además de otras tradiciones que hemos adoptado como el comer 12 uvas, hacer 12 propósitos, salir de la casa con las maletas, barrer la casa, encender velas pidiendo deseos, entre muchas otras que hacen de esta fecha una época de renovación, esperanza y buena voluntad.

Feliz año nuevo a todas y todos, que este 2018 este lleno de bendiciones.

Maria del Carmen Aquino #LaFandanguerita

Fuentes de consulta:

Escobar Rohde, Teresa. “Tiempo Sagrado”, México, Planeta, 1990.

Weiser, F. X. “Handhook of Christian Feast ans Customs. Ther year of the Lord in Liturgy and Folklore, Harcourt, Brace, Co. New York, USA, 1958.

Wheeler, J. M. “Paganism in Christian Festivals”. The Pioneer Press, London, U. K., 1932.

¡Vaya aventura que es ir al tianguis!

Gente, colores, sabores, sonidos, olores…

Son lugares muy importantes de intercambio comercial y cultural; convergen muchas personas muy distintas y la mayoría convivimos con un sistema de reglas implícitas.

Comerse unos tlacoyos saliditos del comal (nopalitos, queso y salsa, obvio), comprarse alguna curiosidad o simplemente ir a ver qué se encuentra, son cosas que para algunos resultan muy agradables (me cuento entre ellos).

He aquí una pequeña reseña acerca de el origen de estos peculiares sitios en nuestro país:

La palabra «tianguis» viene del náhuatl «tianquiztli» que significa mercado y su existencia data de la época prehispánica.

Estos tianguis se ubicaban en las ciudades más importantes como Tenochtitlán, Texcoco y Xochimilco, por mencionar algunas, y se ponían cada cierto tiempo en los alrededores de las ciudades. Se podía encontrar de todo; desde artesanías y textiles hasta esclavos (surtido rico, como quien diría) y los intercambios se llevaban a cabo mediante trueque de mercancías, tiempo después se sustituyeron las mercancías por cacao.

Sucedió la conquista y muchas costumbres desaparecieron, afortunadamente, los tianguis no corrieron esa suerte. Sobrevivieron y evolucionaron al mezclarse con las ideas y mercancías de ultramar..

En la actualidad, existe una gran diversidad de tianguis; desde aquellos en los que se encuentra ropa hasta los que son de autos, pasando por los de trueque y los de libros (mis favoritos) pero, por lo regular, hallamos híbridos multicolor.

Si tienen la oportunidad de visitar uno, no duden en hacerlo. En una de esas, tal vez se encuentren con algo mágico… o de perdida, delicioso.

Esperen, muy pronto, los #DomingosDeTianguis

#LaBruja #Rosa Mexicana

El tianguis prehispánico, foto del Museo Nacional de Antropología
El tianguis prehispánico, foto del Museo Nacional de Antropología
Mucho converge bajo estas lonas de colores
Mucho converge bajo estas lonas de colores