Introducción

El son jarocho es un género musical que ha sufrido grandes transformaciones. Se comenzó a gestar desde los inicios de la Nueva España, y fue el resultado de la fusión de tres mundos: el español, el africano y el indígena.

Su proceso de creación llevó varios siglos, pero hay sones que datan del siglo XVI, como La Bamba. Fue en el siglo XIX que el movimiento jarocho se dio a conocer a nivel nacional, pues sus sones alegres con versos que tocaban distintos temas como la política, por ejemplo, durante el imperio de Maximiliano los sones jarochos se entonaban con versos en los que se hacía sátira de los franceses y por supuesto de la pareja imperial.

Encuentro de jaraneros en Tlacotalpan

En el siglo XX el son jarocho tuvo aún más auge gracias a las numerosas participaciones musicales que tuvieron distintos grupos jarochos dentro del cine mexicano.

Con la globalización, sobre todo a partir de la década de 1950 entraron en el país nuevos géneros musicales y la cultura occidental se convirtió cada día más en el estereotipo a seguir. Mucha de la música folklórica entró en crisis y comenzó a ser relegada, en el caso de algunos géneros estuvieron a punto de desaparecer, el son jarocho fue uno de estos casos.

Desde la década de 1970, muchos músicos jarochos comenzaron un movimiento para rescatar el son, y para 1979 se realizó por primera vez el Encuentro de Jaraneros en Tlacotalpan, cuna del son jarocho.

Todos los años se reúnen muchos grupos e intérpretes del son jarocho y cada crece el número de asistentes. Los lugares en los que se hacen las presentaciones son el Parque Zaragoza y en la Plaza Doña Martha, ubicados en el centro de Tlacotalpan.

Además de las presentaciones musicales y los fandangos, puedes asistir a conferencias, tomar clases de distintos instrumentos, tomar talleres sobre versos e interpretación, además de homenajes a jaraneros y músicos del son jarocho que han trabajado arduamente por mantener viva la tradición.

El auge y la fama de este evento han hecho que sea uno de los eventos de música folklórica más importantes del país, de hecho, la UNESCO ha declarado este encuentro de jaraneros como Patrimonio Cultural de la Humanidad, en el año de 1998.

Todos los años se lleva a cabo este magno evento, siempre a finales de enero o principios de febrero. Es organizado por el Grupo Siquisirí, A.C., la Casa de la Cultura Agustín Lara, el Ayuntamiento de Tlacotalpan y el Instituto Veracruzano de la Cultura; además cuentan con el apoyo de Encuentro de Jaraneros y Decimistas, A. C.

El son jarocho es parte de nuestra identidad, de nuestra alma y nuestro corazón, de lo que somos como nación, así como lo son todos los géneros de nuestro folklor. No dejemos que se pierdan, escuchémoslos, rescatémoslos, pero sobre todo vamos a sentirlos, porque si se pierden, si desaparecen, vamos a perdernos y desaparecer nosotros.

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Producto del mestizaje, los rebozos han sido desde hace muchos siglos una de las prendas fundamentales para las mujeres mexicanas. En muchos de los estados de la república, su fabricación es una actividad económica de gran importancia, este es el caso del municipio de Tenancingo, ubicado en el Estado de México.

Tenancingo de Degollado

Es un municipio del Estado de México que se ubica al sur del estado, su nombre significa logar de murallas pequeñas. Colinda al norte con los municipios de Joquicingo y Tenango del Valle; al sur con Zumpahuacan, al este con Malinalco y en el oeste con Villa Guerrero.

Tenancingo y sus rebozos

Desde hace ya varios años, la producción de rebozos es una de las actividades más importantes de la localidad de Tenancingo y actualmente es el segundo productor de rebozos de bolita, exportando estas prendas a muchos lugares de la república.

Anteriormente los rebozos se hacían en telares de otate o de cintura, aunque poco a poco esta técnica va desapareciendo y estos telares tradicionales están casi en desuso. Los telares de pedales son lo que predominan en esta región. Para los telares de pedales se usan solamente fibras de algodón.

La fabricación de los rebozos en Tenancingo data de la época virreinal y en muchos casos ha pasado de generación en generación, por lo que hay familias que literalmente llevan siglos dedicándose a este arte. En la actualidad hay muchos talleres caseros, en muchos casos son pequeños y familiares.

Los rebozos de Tenancingo tienen varios nombres dependiendo de sus diseños y colores, encontramos lo llamados palomos que son azules con blanco; los listados son negros con rayas que pueden ser azules, cafés o rojos; los granizados suelen ser azules con puntos en blanco; los jamoncillos tienen colores amoratados o púrpuras; por último, tenemos los calandrios que se llaman así por los tonos ocre de los que están confeccionados.

En la tradición prehispánica se utilizaban los colorantes de origen natural, como la grana cochinilla, pero con el paso de los años, estas técnicas ancestrales fueron sustituidas por los colorantes químicos, que además de ser más económicos su elaboración no lleva tanto tiempo.

De acuerdo con cada taller es la cantidad de rebozos que se elaboran en un día, pero por lo general el promedio es de 2 a 6 rebozos por día. Una vez que un rebozo es terminado y sale del telar que lo confeccionó, está listo para salir a la venta.

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La época de oro del cine mexicano en cierta forma también lo fue para la música, muchos cantantes incursionaron en el cine y se convirtieron en actores, lo cual catapultó aún más sus carreras, uno de estos casos fue el de nuestra entrañable Lola Beltrán, mejor recordada como Lola “La Grande”.

Un poco de biografía

María Lucila Beltrán Ruiz, mejor conocida como Lola Beltrán, nació el 7 de marzo de 1932 en Rosario, Sinaloa. Desde muy joven mostró un gran interés por el canto y participó en algunos concursos musicales junto con su primo Marías Beltrán. En un viaje que realizó a la ciudad de México hizo un intento en la estación de radio XEW, pero solamente logró conseguir un empleo como secretaria, pues en realidad ella había estudiado comercio.

Un día tuvo la oportunidad de cantar en el programa Así es mi tierra, a partir de ese momento fue bautizada como Lola Beltrán y su carrera fue en ascenso, pues su magnífica voz pronto la situó como una de las preferidas del público mexicano y al poco tiempo le dio la fama internacional.

La primera disquera con la que tuvo un contrato fue Peerless y allí grabó prácticamente todos sus éxitos. Posteriormente firmaría con RCA y finalmente con GAS.

Estuvo casada con el matador Alfredo Leal Kuri y tuvieron una hija llamada María Elena Elal Beltrán. Lola falleció el 24 de marzo de 1996, tenía pocos días de haber cumplido 64 años. Sus restos reposan en su natal Rosario.

Filmografía

La voz inigualable de Lola pronto hizo que saltara de la radio a la pantalla grande, participando en casi 40 películas y alternando con grandes figuras de la época como Tintan, Antonio Aguilar, Emilio “El Indio” Fernández, María Félix, María Victoria, Demetrio González, José Alfredo Jiménez, Clavillazo, Pedro Vargas, Miguel Aceves Mejía, Rosita Quintana y David Silva, por mencionar sólo algunos.

Su carrera cinematográfica comenzó en los años cincuenta, en esta década encontramos: Espaldas mojadas de 1953, El tesoro de la muerte del mismo año; En 1954 están: Los líos de Barba Azul, Al diablo las mujeres, Pueblo quieto y De carne somos. En 1955 filmó cinco películas las cuales son: Soy un gallo con resortes, Una movida chueca, Con quién andan nuestras hijas, Música en la noche y Camino de Guanajuato. En 1956 sólo filmó Pensión de artistas, pero al año siguiente nuevamente tuvo mucha actividad, pues participó en las cintas: Rogaciano el huapanguero, Donde las dan las toman, Guitarras de medianoche, Sucedió en México, México lindo y querido. En 1959 filmó: Qué bonito amor, La joven mancornadora, Besitos a papá.

Con los cambios de la época y el auge del rock and roll, las películas con canciones vernáculas disminuyeron, por lo que en la década de los sesenta fueron menos las películas que grabó, siendo tan sólo catorce: ¿Dónde estás corazón?, El camino de la horca, La bandida, Así es México, Caballito, El revólver sangriento, Canción del alma, El hombre de papel, México de mi corazón, Los hermanos muerte, Cucurrucú paloma, Tirando a gol, Matar es fácil y Valentin de la sierra.

Ya en la década de los setenta el número se redujo a tres películas solamente: Furias bajo el cielo, Padre nuestro que estás en la Tierra y Las fuerzas vivas.

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Entender como era la conformación de todos los pueblos de toda América y el contacto que tenían antes de la llegada de los europeos sigue siendo en gran parte un misterio para los estudiosos del tema. Después del contacto con Europa, muchos grupos indígenas se fueron moviendo y conformando territorialmente de distintas de acuerdo con las nuevas necesidades.

Uno de estos pueblos son los kikapú, quienes según los especialistas provienen de Canadá, comenzaron a emigrar hacia el sur desde el siglo XVII, hasta llegar a México en el siglo XIX y desde hace 200 años son una parte muy importante de nuestra nación, por varios motivos, uno de ellos es el enorme amor que le tomaron a esta tierra, pues en muchas ocasiones la defendieron de ataques comanches e intentos de invasión estadounidense.

Los kikapú en México.

El significado de la palabra kikapú es “los que caminan por la tierra”. Su deidad principal es el Gran Fuego llamado Kitzihiata quien es el dios creador de todo el universo de acuerdo con su cosmología; también dicen que esta deidad fue quien les enseñó la construcción de sus casas, una especial para el calor llamada Utinekane y otra para el invierno llamada Apakuenikane.

La cacería es una de sus principales actividades y esta puede ser religiosa o alimentaria. La religiosa siempre está relacionada con ofrendar a la naturaleza y las fuerzas que mueven el universo. Mientras que la alimentaria está condicionada a las necesidades de la vida cotidiana.

En cuanto a su vestimenta, por lo general, las mujeres utilian faldas, o vestidos amplios, pueden ser de piel, sobre todo de venado, o bien de telas de colores. Los hombres utilizan pantalón de tela, chaparreras y chaleco de piel.

En México habitan en El Nacimiento, que se ubica en el municipio de Melchor Múzquiz, Coahuila. Llegaron a esta nación en 1824, específicamente al estado de Texas, posteriormente con la independencia del estado texano emigraron a Coahuila, donde se les permitió habitar en la hacienda La Navaja con la condición de que protegieran a los ciudadanos mexicanos de los ataques comanches y el pueblo kikapú juró lealtad a México.

En 1852 pidieron ser reubicados, petición que se les condeció, fueron trasladados de La Navaja, a El Nacimiento. Con la llegada de Maximiliano y el Segundo Imperio mexicano, los Kikapú pidieron al nuevo gobierno permanecer en sus tierras. Ya con la república restaurada es el presidente Benito Juárez quien hace oficial la cesión de tierras, de esta manera El Nacimiento se convirtió en la colonia agrícola.

A inicios de la década de 1870, los kikapú defendieron la frontera con México de nuevos intentos de invasión estadounidense. De hecho, el gobierno americano les ofreció tierras y ellos lo rechazaron, lo que ocasionó algunos enfrentamientos. En 1873, un grupo de soldados gringos capturó a mujeres, niños y ancianos kikapú aprovechando la ausencia de los hombres que estaban de cacería. El gobierno Méxicano hizo los reclamos diplomáticos pertinentes, pero muchos kikapú cedieron ante el gobierno norteamericano y se fueron a una reservación en Kansas a cambio de volver a ver a sus familias. Cerca de 100 kikapú decidieron quedarse en México.