Los rebozos de Tenancingo

Introducción

Producto del mestizaje, los rebozos han sido desde hace muchos siglos una de las prendas fundamentales para las mujeres mexicanas. En muchos de los estados de la república, su fabricación es una actividad económica de gran importancia, este es el caso del municipio de Tenancingo, ubicado en el Estado de México.

Tenancingo de Degollado

Es un municipio del Estado de México que se ubica al sur del estado, su nombre significa logar de murallas pequeñas. Colinda al norte con los municipios de Joquicingo y Tenango del Valle; al sur con Zumpahuacan, al este con Malinalco y en el oeste con Villa Guerrero.

Tenancingo y sus rebozos

Desde hace ya varios años, la producción de rebozos es una de las actividades más importantes de la localidad de Tenancingo y actualmente es el segundo productor de rebozos de bolita, exportando estas prendas a muchos lugares de la república.

Anteriormente los rebozos se hacían en telares de otate o de cintura, aunque poco a poco esta técnica va desapareciendo y estos telares tradicionales están casi en desuso. Los telares de pedales son lo que predominan en esta región. Para los telares de pedales se usan solamente fibras de algodón.

La fabricación de los rebozos en Tenancingo data de la época virreinal y en muchos casos ha pasado de generación en generación, por lo que hay familias que literalmente llevan siglos dedicándose a este arte. En la actualidad hay muchos talleres caseros, en muchos casos son pequeños y familiares.

Los rebozos de Tenancingo tienen varios nombres dependiendo de sus diseños y colores, encontramos lo llamados palomos que son azules con blanco; los listados son negros con rayas que pueden ser azules, cafés o rojos; los granizados suelen ser azules con puntos en blanco; los jamoncillos tienen colores amoratados o púrpuras; por último, tenemos los calandrios que se llaman así por los tonos ocre de los que están confeccionados.

En la tradición prehispánica se utilizaban los colorantes de origen natural, como la grana cochinilla, pero con el paso de los años, estas técnicas ancestrales fueron sustituidas por los colorantes químicos, que además de ser más económicos su elaboración no lleva tanto tiempo.

De acuerdo con cada taller es la cantidad de rebozos que se elaboran en un día, pero por lo general el promedio es de 2 a 6 rebozos por día. Una vez que un rebozo es terminado y sale del telar que lo confeccionó, está listo para salir a la venta.

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